No sé qué me da más asco: si la hipocresía de aquellos que han continuamente soportado financieramente al régimen de Mubarak (USA, principalmente) y ahora festejan cínicamente el derrocamiento, o la estupidez de aquellos que celebran románticamente el levantamiento popular y lo cantan como si fuera una gesta heroica, como si fuera posible que algo noble o racional pudiera surgir de los gritos y el sudor de un millón de egipcios (podríamos reemplazar "egipcios" por absolutamente cualquier nacionalidad y la frase anterior sería igualmente aplicable).
Cuánta hipocresía y cuánta estupidez. Se hace difícil diferenciar la una de la otra. Personalmente estoy ATERRADO por lo que pueda suceder en Egipto de aquí en más. Desconozco a los egipcios. Para mí Egipto siempre fue simplemente un formidable enemigo de Israel y luego un formidable (aunque ahora vemos que frágil) socio en la paz. La cultura, el alma nacional egipcia es para mí una incógnita. La realidad es que no me interesa mucho que digamos. Por supuesto que a partir de una básica simpatía humana (la cual se hace cada vez más difícil, considerando los 7 billiones de hombres y mujeres que habitan este planeta - imposible quererlos a todos, ni hablar de preocuparse o hacer algo al respecto) deseo que a los egipcios les vaya bien y empiecen a progresar y esto y lo otro. Pero ponerse a cantar las glorias de esa masa sudorosa y violenta (porque no fue un levantamiento terriblemente pacífico que digamos, aunque hay que reconocer que podría haber sido muchísimo peor) es un insulto a la inteligencia. El medio oriente perdió un régimen que, sin ser mucho más (o mucho menos) tiránico con su pueblo que el resto del vecindario, al menos era un elemento enormemente estabilizador y positivo en cuanto a las relaciones intra-regionales. Ahora ese régimen desapareció. Hay un millón de musulmanes en las calles. Hay que ver qué pasa. Que cada uno vaya apostando sus fichas como quiera. A mí la cosa no me causa ninguna gracia.
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